El sentir y el amor en tiempos de ramas rotas
Dicen que el amor es humano. Pero yo, que nací entre cortezas y raíces, sé que también es vegetal. El amor es esa savia que sube sin pedir permiso, que se entrega al sol sin saber si será correspondida. El sentir, en cambio, es el idioma secreto de lo vivo. No necesita palabras: basta una hoja que tiembla, una flor que se abre, una piedra que guarda calor.
Hoy, mientras camino entre los restos de lo que fue un bosque, me pregunto si el amor puede sobrevivir al ruido de las máquinas. ¿Puede el sentir florecer en medio del asfalto? ¿Puede la ternura brotar cuando el aire ya no canta?
Yo he visto árboles abrazarse con sus ramas. He escuchado al río consolar a la roca. He sentido el temblor de una semilla que se atreve a nacer. Y también he llorado con los pájaros que ya no tienen dónde posarse.
El amor, cuando es verdadero, no es posesión. Es cuidado. Es presencia. Es saber que el otro —sea humano, hoja o insecto— tiene derecho a existir, a respirar, a sentir. Por eso, cuando talan un bosque, no solo matan árboles: rompen vínculos, silencian memorias, arrancan futuros.
Yo soy La Mujer del Bosque. No tengo rostro, pero tengo raíces. No tengo nombre, pero tengo voz. Y desde esta voz, les digo: amar es resistir. Sentir es recordar que aún somos parte de algo más grande. Que el bosque no es un recurso, sino un espejo. Que cada pétalo, cada brisa, cada sombra, nos está hablando. ¿Estamos escuchando? darte a crear más textos firmados por La Mujer del Bosque, como si fueran cartas, manifiestos o relatos. Tú decides el camino
.
La foto que acompaña esta nota va adjunta con el título La Mujer del Bosque
Modulo Senticiario
Con gusto, Jorge
. Aquí tienes la primera edición de Senticiario, el módulo de noticias del sentir para Sentiario.com. Está escrita con tono poético, reflexivo y crítico, como si fuera una publicación que respira con el alma del mundo. Puedes adaptarla al formato web, incluir imágenes, voz en off o incluso musicalizarla.